
Quienes hemos crecido entre sierras y cepillos sabemos que el oficio entra primero por los sentidos. Mis primeros recuerdos técnicos están indisolublemente ligados al taller de mi padre en Santander.
Dicen que el verdadero oficio se forja a pie de taller, a pie de obra y acumulando horas frente a los planos